Diciembre es mi mes favorito. La Navidad y el Año Nuevo son el pretexto perfecto para ver a mi hermosa familia extendida una y otra vez, para intercambiar regalos, para reunirme con personas que hacía mucho tiempo no veía. También son el pretexto perfecto para comer como troglodita un sinfín de platillos estacionales exquisitos y después “empezar bien” el siguiente año poniéndome a dieta.
El pasado mes de Diciembre, tuve una Navidad y Año Nuevo diferentes. Normalmente, suelo quedarme en México en ambas fechas, realizando el acostumbrado viaje relámpago a USA entre el 25 y el 30 de diciembre.
Este año, mi primer año de casada, pasé Navidad en San Luis Potosí con la familia de mi marido. Y después viajamos juntos a USA para pasar Año Nuevo con mi familia. Ésta fue la primera vez que mis papás, hermanos y yo no estamos en México para Año Nuevo, compartiendo como siempre con mis primos, sobrinos, tíos y anexos.
Y ya que los planes no eran los mismos de cada año, decidimos hacer las cosas aún más diferentes. En vez de la clásica cena donde todos nos arreglamos, hicimos la Pijamada de Año Nuevo.
Despedimos el 2009 y recibimos al 2010 calientitos, en pijama, frente a la chimenea. No comimos 12 uvas, una con cada campanada, porque en USA no existe la clásica transmisión donde los artistas famosos participan en la cuenta regresiva de las campanadas: 10, 9, 8… ¡feliz año nuevo!Nos dimos un abrazo menos efusivo de lo normal. Nos acostamos temprano. Después de todo, no había escoba y las maletas estaban tan llenas y pesadas que salir al bosque a dar la vuelta corriendo, con el frío que hacía afuera, no sonaba ni siquiera un poco tentador.
Internamente, me resistía un poco a este cambio. Pero después pensé que experimentar algo nuevo sería positivo. Ya sea para descubrir que los nuevos planes también son divertidos o para valorar las tradiciones de toda la vida.
Y sí. Extrañé a mi familia extendida, su alegría, sus abrazos, las voces hablando al unísono, los tantos buenos deseos que nos expresamos.
Y también descubrí que si quieres tener un año diferente, tienes que hacer cosas diferentes. Este año, empezamos con un nuevo plan. Es un buen paso para cambiar la suerte. Y ahora sólo esperemos que el 2010, más que ser un año de cambio, sea un año de evolución en todos los sentidos para todos y cada uno de nosotros.
Les deseo que tengan un buen año, lleno de sorpresas agradables, metas cumplidas y sueños alcanzados. Que el 2010 represente una evolución en sus vidas. Sea lo que sea que eso signifique para cada quién.
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