enero 21, 2010

Hokus Pokus - El Veredicto Final

Pasamos a un cuarto pequeño, pero bien acondicionado: una cama para masajes, una lámpara para dar calor y un biombo, detrás del cual me imaginé, había pócimas, libros y menjurges.

Lou se sentó en una silla al fondo del salón y Doña J me pidió que me sentara en la cama de masajes, sin zapatos. Me senté y Doña J me preguntó mi edad. Tengo 26 años – le dije.

“¡Eres una niña! ¿Qué te ha pasado? ¿Cómo te has sentido?” – preguntó Doña J. Empecé mi explicación sobre los males que me aquejaban, recordándole de mi dolor en el pecho y la dificultad para respirar (ya se lo había comentado por teléfono, cuando le solicité un cita). De pronto Doña J me interrumpió “no me digas más, no me digas más. Déjame escuchar tu pulso y yo te voy a decir qué es lo que te pasa”

Se acercó y me tomó el pulso, a través del cual dice, puede saber cuáles son los males que me aquejan.

“Eres muy enojona, y todos los corajes se te van a los intestinos. Tienes colitis y gastritis. Tu temperatura de pronto sube y sientes mucho calor. Te gusta tomar las bebidas con mucho hielo. Eres una de esas personas que siempre tienen los pies fríos y las manos calientes. Tus ojos están a punto de tener una conjuntivitis o una infección. Eres una persona extremadamente ansiosa y tu mente nunca para, todo el tiempo estás pensando. Por eso, sueles estar tan cansada siempre” - dijo Doña J.

Básicamente le atinó a todo. Excepto a que me gustan las bebidas con mucho hielo. Quienes me conocen bien, saben que me gusta la naranjada y que mi frase favorita al pedírsela a un mesero es “Naranjada con agua natural y un solo hielo”.

En fin, sentí como si me estuvieran leyendo las cartas. Mi parte favorita es que me llamó enojona. Me río mucho cuando me llaman así, porque yo prefiero autodenominarme como una persona “fácilmente alterable”. Que a fin de cuentas es lo mismo, pero a mi modo, suena más elegante y menos contundente.

Y de todos los descubrimientos de Doña J, el más grande para mi, fue que mi mente nunca para. A raíz de este comentario he platicado con varias personas que me confirman, pueden poner su mente en blanco. “No piensas en nada, sólo existes. Es como quedarte viendo fijamente una pared blanca” – me dicen. Lo extraño es que si yo me imagino una pared blanca, no puedo sólo imaginarme viéndola. Invento historias alrededor de la pared, e incluso no puedo quedarme quieta y dibujo en ella. Yo acabo de bautizar a este síndrome como “Hiperactividad Mental”. Soy un ente flojo físicamente, pero muy activo de pensamiento.

En fin. El veredicto de Doña J para mis males fue: masaje y acupuntura. El masaje para los dolores del cuerpo y la acupuntura para los males del alma.

Primero el masaje. Doña J descubrió que tengo tantos nudos en la espalda como el macramé de mi abuela. E intentó deshacerlos con un masaje profundo. Me amasó la espalda y cuello durante casi media hora, que a mí me supieron a gloria.

Después, la acupuntura. “Tres agujas para el hígado, para que dejes de ser tan enojona y el resto para disminuir la ansiedad” – me dijo. Me repartió los piquetes por todo el cuerpo: en las manos, pies, cabeza y ojo (no se asusten, me refiero al tercer ojo, el de la frente). La sensación que provocan las agujas (aparte de que los piquetes sí duelen) es como de corriente eléctrica pasando por todo el cuerpo. Me dejó con las agujas otra media hora y después me las retiró.

¿Cómo te sientes? – me preguntó Doña J

Tranquila. Pero aún me duele el pecho. Justo sobre el esternón. – le dije

Doña J me pidió que me recostara de nuevo. Hizo sonar una campanita encima de todo mi cuerpo y me dijo que mi energía era extraña. “¿Te has peleado con alguien últimamente? Porque pareciera que tu energía dice que hay alguien quiere hacerte daño”. “No que yo recuerde” – le respondí. “Discutí con mi hermano pequeño, pero no creo que quiera hacerme algo malo”. Doña J no dijo nada y me tocó el pecho para sentir “el mal” y después me dijo “Te duele el esternón porque tienes muchos sentimientos guardados. Vamos a tener que moxarte”.

¿Moxarme? Suena como a grosería. "¿Y qué es eso de moxar”- le pregunté. “Es una técnica que utiliza los mismos puntos de acupuntura. Se calienta el punto a tratar con moxa, que es como un habano hecho de una hierba llamada Artemisa. Se siente como una quemadura de cigarro, pero no te voy a quemar. Ayuda a que fluya la energía”.

Nunca antes me quemé con un cigarro, así es que no me asusté demasiado. Y en verdad Doña J no me quemó. Sólo sentía muy caliente, y en ese momento, ella retiraba el “habano de moxa”. Y después de “moxarme” el esternón, quedé lista para ir a mi casa. ¿Siguiente cita? Dentro de una semana.

Lo cierto es que no volví. Al día siguiente, me sentí aún peor del dolor de pecho. En mi mundo racional, el calor de la “moxación” me ayudó a disminuir temporalmente el dolor. Al igual que hubieran hecho algunas compresas de agua caliente. Pero después se enfrío y el dolor volvió. Mi mente macabra aún no alcanza a comprender cómo guardar sentimientos podría causarme tal dolor. Y cómo hay alguien que quiera hacerme tanto daño, si yo no le he hecho mal a nadie.

Así es que como buena mujer de ciencia y fanática de la razón, al día siguiente fui al médico. El resultado de mi visita fue, a pesar de todo, positivo: 5 nuevas medicinas, 4 estudios especializados y un nuevo post (próximamente).

1 comentario:

  1. Que cosas tan más extrañas suceden en el mundo del esoterismo, medicina alternativa y demás chucherías alternas... lo que si es que son experiencias que creo que uno debe tener en la vida, ya sea que se crea o no. Nunca falta quien te lee la mano, las cartas, el café, que te da un masajito y se te quita todo, que te toca el pie y el cancer se va.

    Lo que si es que para que todo esto funcione se debe de creer fiel y fervientemente, cosa que mucha gente hace, y otra mucha como tú es más racional, y toda su confianza, fe y fidelidad la pone en los médicos que han estudiado una forma diferente de curar y de sanar cuerpo y alma (claro, que esto sale un poquito más caro, pero por algo estudiaron 10 años o más para ser lo que son ahora, cierto?).

    Total, estas experiencias siempre son sobrenaturales, te dicen cosas que ni tu te habías dado cuenta, y hay veces que son más ciertas de lo que creías, y cuando ves en retrospectiva, aunque no creyeras todo, tarde o temprano pasan.

    Alguna vez fui a leerme la mano con una amiga de una tía, y como era principio de año, pregunté qué iba a pasar en ese año. Lo que me dijo fue algo simple. "Nada de relaciones importantes y muchos viajes." Efectivamente, ese año aunque hubo alguien, no fue importante, y también, viajé muchísimo más que cualquier otro año, entre viajes cortos y largos, por aquí y por allá anduve todo el año.

    No se si creer en todo eso. Hay cosas que son dificiles de creer. Respeto a la gente que lo hace y que cree en eso, yo tengo la dicotomía de que a veces creo en esas cosas, por que la gente que no es charlatana ha estudiado y sabe lo que hace; a veces es todo lo contrario, creo más en los médicos de costumbre, a los que te toman el pulso y con mil aditamentos te dicen que lo que tu tienes es un menjurje organico y que necesitas un poco de chunchunfedrina, que con eso se cura todo.

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