Debo aceptarlo: tengo un placer culposo. Es una de esas cosas que no le cuento a las personas porque no es socialmente aceptado. Lo hago a escondidas y lo disfruto. Y una vez que empiezo, no puedo parar hasta quedar totalmente satisfecha.
Sí. Amo rascarme los piquetes de insectos. Por alguna razón aún desconocida, tengo reacciones alérgicas a las picaduras de casi cualquier insecto: moscos, moscas, avispillas, hormigas (aún no tengo experiencias cercanas con las abejas). Cuando algún bicho me pica, los efectos son predecibles: ronchas enormes e hinchadas, zona endurecida y con fiebre… y mucha, pero mucha comezón.
Las picaduras abren espacio a la actividad que es protagonista de mi delicioso placer culposo: rascarme hasta decir basta. Con los dedos, con las uñas o con lo que pueda, hasta salivar y emitir el clásico sonido de satisfacción (parecido al que las personas hacen cuando calman su sed): “Ahhhhh!!!”. Aunque me declaro fan de rascarme los piquetes, no lo hago ni cuento en público porque suelo recibir comentarios desde el bien-intencionado “ponte esta pomada, es buenísima y te quita la comezón” hasta la clásica reprimenda “no te rasques que te vas a sangrar”.
He probado antihistamínicos, polvo de habas y pomadas de todos los colores y sabores, pero nada parece funcionar muy bien. La única cura efectiva es el tiempo. Y por supuesto, unas buenas rascaditas clandestinas que siempre me hacen sentir mejor.
Espera! La abuela recomendaba ajo (no me refiero al dicho que pregona "ajo y agua", o sea, ajo-derse y agua-ntarse). Pelaba un diente de ajo, lo cortaba a la mitad y lo untaba contra el piquete. Según decía Doña Quetita, hay que repetir la acción cada 3 horas hasta que pase la comezón. Huele gacho pero sí funciona, y funciona muy bien! =)
ResponderBorrar