Mi inspiración es como las olas, va y viene en un ciclo sin fin. Casi siempre alimentada por sucesos de la vida cotidiana, mi inspiración huyó hace algunas semanas. Pero al fin regresó.
Y no siempre regresa en el mejor de los momentos. Es justamente cuando tengo miles de tareas pendientes y preocupaciones importantes cuando a mi errante inspiración se le ocurre volver. Ni modo. Hay que aprovecharla.
Hoy pensé que definir lo que uno hace para ganarse la vida no es tan fácil como pudiera parecer. A veces, las personas me preguntan a qué me dedico. Es una explicación complicada. Después de mucho pensarlo, decidí definirlo como “Médico Brujo… de Empresas”. Las empresas me cuentan qué les duele y yo les digo qué remedio tomar. Sí, esa es la definición más sencilla. Aunque no es un trabajo de médico común. Porque normalmente me quedo en la casa del paciente hasta que se cura, hasta que la medicina hace efecto. ¡Qué doctora más dedicada! – podrían pensar. Pero esta actitud no se debe totalmente a la voluntad propia. Es más bien una situación propiciada y derivada de la relación masoquista que tengo con la empresa para la que trabajo.
Mi patrón – que sería algo así como el líder sindical de los médicos brujos de las empresas - vende el conocimiento y experiencia particular de cada uno de nosotros a los pacientes enfermos. ¡Y nos tenemos que asegurar que se curen! Porque si no se curan, los pacientes no le pagan al líder sindical… y si él no gana, todos los médicos brujos perdemos.
¿Suena fácil? No lo es tanto. A veces nuestro líder sindical nos envía a curar enfermedades que no hemos visto antes, a lidiar con pacientes que no quieren tomarse los remedios que preparamos o a curar enfermos terminales. Mi responsabilidad va desde preparar el remedio hasta convencer al paciente de que se lo tome y asegurarme que se cure. ..
O al menos convencerlo de que se siente mejor.
Y no siempre regresa en el mejor de los momentos. Es justamente cuando tengo miles de tareas pendientes y preocupaciones importantes cuando a mi errante inspiración se le ocurre volver. Ni modo. Hay que aprovecharla.
Hoy pensé que definir lo que uno hace para ganarse la vida no es tan fácil como pudiera parecer. A veces, las personas me preguntan a qué me dedico. Es una explicación complicada. Después de mucho pensarlo, decidí definirlo como “Médico Brujo… de Empresas”. Las empresas me cuentan qué les duele y yo les digo qué remedio tomar. Sí, esa es la definición más sencilla. Aunque no es un trabajo de médico común. Porque normalmente me quedo en la casa del paciente hasta que se cura, hasta que la medicina hace efecto. ¡Qué doctora más dedicada! – podrían pensar. Pero esta actitud no se debe totalmente a la voluntad propia. Es más bien una situación propiciada y derivada de la relación masoquista que tengo con la empresa para la que trabajo.
Mi patrón – que sería algo así como el líder sindical de los médicos brujos de las empresas - vende el conocimiento y experiencia particular de cada uno de nosotros a los pacientes enfermos. ¡Y nos tenemos que asegurar que se curen! Porque si no se curan, los pacientes no le pagan al líder sindical… y si él no gana, todos los médicos brujos perdemos.
¿Suena fácil? No lo es tanto. A veces nuestro líder sindical nos envía a curar enfermedades que no hemos visto antes, a lidiar con pacientes que no quieren tomarse los remedios que preparamos o a curar enfermos terminales. Mi responsabilidad va desde preparar el remedio hasta convencer al paciente de que se lo tome y asegurarme que se cure. ..
O al menos convencerlo de que se siente mejor.
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